Javier Miranda: “Si el gobierno nos acompaña, podemos hacer China en Argentina”

Javier Miranda: “Si el gobierno nos acompaña, podemos hacer China en Argentina”
The Lion King. Javier en la fábrica que a fines del 2018 armó en 3 de Febrero donde tiene 1.200 metros cubiertos, distribuidos en 4 pisos. De fondo, toda la tecnología LED que se exporta de argentina al mundo.

Por Sergio Oviedo

Tiene 49 años y es fundador y dueño de Grupo Uno LED, empresa que fabrica y vende las mejores pantallas de Sudamérica. Como todos, inició su negocio importando los productos en China, pero cuando se cansó de las trabas aduaneras, armó su propia fábrica en el partido de Tres de Febrero. Hoy le da trabajo a más de 80 personas, pero por los problemas que existen para importar insumos, sólo tiene stock para seguir trabajando 30 días más. En un grito casi desesperado, le pide al Ministerio de Economía que analice su situación y que le apruebe los registros para poder traer los componentes que necesita para seguir produciendo.

Con Jessica Salomón
Juntos y a la par. Con Jessica Salomón, su ex mujer y mamá de sus hijas. Aunque se terminó el amor de pareja, siguen trabajando juntos.

La imagen es tan fuerte como conmovedora. En su oficina del cuarto piso, Javier Miranda cuenta cómo, el llamado de un cliente, cambió su vida y la de su familia. Por su metro ochenta, sus 150 kilos, la barba abultada, los tatuajes en sus brazos, los anillos y las cadenas de oro; tranquilamente podría ser uno de los actores principales de la serie Vikingos que escribió Michael Hirst,inspirado en las sagas de Ragnar Lodbrok, uno de los héroes nórdicos legendarios más conocidos.

Pero a este hombre de acero se le humedecen los ojos cuando relata la realidad que hoy vive su empresa: “Como nos fue bien, con mi socia Jessica Salomón (44 años, ex pareja, y mamá de sus dos hijas de nueve años: Ornella y Berenice), decidimos no pedir subsidios, ni créditos blandos al Estado. Es más, en la Pandemia, ni siquiera recurrimos al ATP, la ayuda que el Gobierno les otorgó a empleadores y empleados de empresas pymes para que puedan pagar los sueldos. Pero ya no damos más: si no nos dejan importar los insumos que necesitamos, en poco más de un mes vamos a tener que bajar las persianas”.

Javier Miranda
Orgullo riverplatense. Enfermo de River, fanático de Gallardo, Javier se dio uno de los grandes gustos de su vida: brindar sus instalaciones para que se realice la estatua del Muñeco.

Cuando pasó el tsunami desbastador que fue el COVID, Grupo Uno LED se fortaleció, duplicó su producción y empezó a exportar pantallas a distintos países del mundo. Pero hoy, por las restricciones de importación que impuso economía, a Javier sólo le quedan insumos para terminar de armar los pedidos que tiene:

“Hace unos años, cuando nos dimos cuenta que cada vez iba a ser más complicado importar –relata Miranda- instalamos esta fábrica y comenzamos a fabricar las pantallas en Argentina. Primero arrancamos con los gabinetes, lo más pesado. Y a los pocos meses decidimos comprar máquinas en China y empezamos a producirlas. Hoy el 80 por ciento del producto se hace en nuestro país. Lamentablemente, y esto es lo que necesito que entiendan, hay cosas que no se pueden hacer acá. Por eso necesitamos sí o sí que nos aprueben la SIRA (Sistema de Importaciones de la República Argentina) para poder traer los dos o tres componentes que se necesitan para armar el producto”.

Javier Miranda
Por todo el país. En la pared de su oficina hay un mapa de la Argentina con todas las pantallas pendientes para instalar. En la Quiaca y en Ushuaia, existen pantallas de Grupo Uno LED.

Corazón de León.

La imagen del mamífero carnívoro que vive en la sabana africana, se replica en decenas de figuras que Javier luce en sus anillos y en dijes que cuelgan de sus cadenas de oro como amuletos mágicos. En distintos lugares de la empresa también se pueden encontrar réplicas del animal que hoy forma parte del logo principal de la compañía. “El león es el que cuida a su manada –relata Javier en su libro Jamás bajes los brazos-, el que se enfrenta con cualquier otro animal sin importar el tamaño, el que no le tiene miedo a nada, el que da pelea hasta el final. Por todo esto: se volvió mi inspiración”. Es que ser un empresario exitoso en Argentina no es nada fácil, y mucho menos si no contás con un capital inicial para arrancar tu propio negocio.

Javier Miranda
Pedido desesperado. En sus manos, los LEDS que la empresa importa desde China y que hoy no se pueden fabricar en el país. Para poder seguir trabajando necesita que Economía le apruebe las SIRA.

Y esta es parte de la historia de Javier. Nació el 9 de octubre de 1973, en el seno de una familia argentina de clase baja. Hijo de Teresa (ama de casa), y Roberto (gerente en una empresa que se dedicaba a la venta de repuestos de autos), los primeros años de su vida los pasó en el barrio de Congreso. Pero cuando sus papás se separaron, él y sus cuatro hermanos –Roberto (encargado del área de creatividad y diseño), Pablo (encargado general de su empresa), Leonel (encargado de las instalaciones de las pantallas), y Carina (trabaja en el área de ventas)- se tuvieron que mudar a la casa de sus abuelos en Villa Tesei, en el partido de Hurlingham, en la zona oeste de la provincia de Buenos Aires.

Javier Miranda
Hay equipo. Parte de los más de 80 empleados que todos los días sacan el trabajo adelante. “Cada persona nueva que ingresa me hace feliz porque es una oportunidad que le estoy dando a otra familia”, asegura Javier.

Y desde muy chiquito tuvo que salir a trabajar. “Mi primer recuerdo de esa infancia llena de carencias me remonta a cuando tenía once años. Volvía de la escuela, pasé por la vidriera de un negocio y quedé deslumbrado por unas zapatillas Topper de color celeste. Como en casa no me las podían comprar, le pregunté a mi tío Raúl si podía trabajar con él como ayudante en la verdulería. Laburé un mes entero y con mi primer sueldo le di algo de plata a la vieja… ¡y me compré mi primer calzado nuevo!”.

Jessica
Perfume de mujer. Jessica -socia en Grupo Uno LED y Nexos-, con parte del plantel femenino de la empresa.

Desde ese momento nunca más dejó de trabajar. Lo que siguió fue una aventura con un grupo de amigos: alquilar un carro y un caballo para juntar botellas, papel, cartones: todo lo que se pudiera vender. Pero las aventuras de Tom Sawyer se terminaron a los 13, cuando se fue a vivir con su papá al barrio de Caseros. Ahí consiguió que lo emplearan como ayudante de limpieza en la misma concesionaria en la que trabajaba Roberto. Pasó a segundo año de la escuela secundaria y la necesidad era tan grande que decidió abandonar el colegio para ponerse a trabajar de lunes a sábado en una imprenta. Ese, terminaría siendo el oficio que lo iba a acompañar durante varios años de su vida.

Un llamado casi divino.

Por la vida de Javier pasaron decenas de trabajos y proyectos personales. Uno de los más importantes arrancó en el año 2000 cuando conoció a Jessica (la mamá de sus dos hijas) y abrieron la imprenta Uno Gráfica. Pero el contexto de país no ayudaba para nada. A la pareja le llovían los cheques rechazados y la economía familiar era bastante magra. “Tuvimos que mudarnos veintidós veces porque no podíamos pagar el alquiler”, recuerda Javier. Al problema monetario, se le sumó una operación de Jessica que le impedía quedar embarazada. Si querían ser padres la única opción que le dieron los médicos era la fecundación in vitro. Y para poder pagar el tratamiento, decidieron abrir en paralelo a la imprenta una heladería en el barrio de Villa Bosch.

Finalmente, Helados Shock no funcionó pero ellos siguieron adelante. Y en el 2012 tuvieron su premio cuando quedaron embarazados de las mellizas que nacieron en junio de 2013. Mientras disfrutaban de la alegría por la llegada de sus hijas, pero se desesperaban por la asfixia financiera en la que vivían, recibieron el llamado divino: “Sonó el teléfono y del otro lado de la línea una persona de General Villegas (500 kilómetros de Capital Federal), me pidió cotización por una pantalla de LED. Investigué de que se trataba, le pasé un precio, se la vendí, gané mucha plata, y ahí le dije a Jessica: ‘Cerramos la imprenta: ¡a partir de hoy somos Grupo Uno LED!’”.

Javier Miranda
Papá por siempre. Junto a sus dos hijas, las mellizas Ornella y Berenice, de nueve años. Hoy con su esposa Celeste, Javier también es papá del corazón de Thiago de 10 años.

Pasaron nueve años de aquella primera venta y muchas cosas cambiaron en la vida de Javier. Su empresa se convirtió en la más grande de Argentina y una de las más importantes de Sudamérica. En el 2016, junto a otro socio, Juan Pablo Bastero (40), armaron Nexos Trading y hoy son los mayores distribuidores de pantallas LED y tecnología pensada para las iglesias evangélicas en el mundo. Con Grupo uno LED llevan instaladas más de 1.000 pantallas en toda Argentina; y con su otra empresa, equiparon a casi 800 iglesias en once países. Miranda se separó de Jessica en 2019. El volvió a formar pareja con Celeste (mamá de Thiago de 10 años); mientras que ella se acaba de casar con Matías. Sin embargo, la sociedad que armó con su ex mujer, se mantiene inquebrantable.

Javier Miranda
Porque esto es África. Con Nexos, su otra empresa, recorrió el mundo. En el año 2008, entre abril y octubre, viajó 6 veces al continente africano. En la foto, junto a un grupo de amigos en Costa de Marfil.

Con los años, Javier se convirtió en un personaje que traspasó su rol de presidente de una empresa. La gente lo para en los aeropuertos para pedirle fotos y autógrafos, y son muchos los que lo invitan para que de charlas motivacionales a las nuevas generaciones. “Ser una especie de influencer es algo que nunca busqué, y que se fue dando solo. Y si bien en un principio lo sufría, hoy es algo que hago con alegría. Muchas veces, cuando me encuentro con chicos desmotivados que creen que no hay futuro en este país, les cuento que cuando yo era chico, armaba barriletes con papeles de diarios y le escribía a Dios: ‘¿Podés verme? ¡Estoy acá!’. Hoy, cuando miro todo lo que conseguí, siento que nunca se olvidó de mi…”.

Javier Miranda
En familia. Una de las fotos que Javier atesora con el alma. Junto a su papá Roberto (fallecido el 28 de febrero de 2020) y sus cuatro hermanos: Pablo (44), Roberto (50), Carina (41), y Leonel (34); todos trabajan en la empresa.

-¿Cuál fue esa respuesta Javier?

-Entender que como dice el refrán: “Dios aprieta pero no ahorca”. Hay que tener siempre la esperanza intacta. Si deseas algo con muchas ganas, tarde o temprano lo vas a conseguir. Y en un momento decidí devolverle a Dios parte de todo lo que me había dado y te aseguro que tan mal no me fue.

-¿A qué se refiere?

-En el 2016 vino un pastor de una iglesia evangelista a comprar una pantalla de LED pero no llegaba con la plata. Ahí tomé la decisión de financiársela en 12 cuotas sin interés y sin ningún aval: solo con la firma y el pago de la primera cuota. Hoy con Nexos somos los máximos proveedores de pantallas, sillas, sonido, luces y púlpitos de las iglesias evangelistas.

-¿Cuál siente que fue el secreto de su éxito?

-Es una pregunta que me hace mucha gente y la verdad es que no sé si “hay un secreto para triunfar”. Creo que es una combinación de varios factores. Uno de ellos es permitir equivocarnos, no perder la calma cuando las cosas no funcionan, y siempre volver a empezar. En mi vida aprendí mucho más de los fracasos que de los éxitos.

-Muchas veces escuchamos a empresarios que dicen: “Este país es inviable para hacer negocios”. ¿Usted es un claro ejemplo que no es tan así?

-Sí: yo y todos los que invierten su plata en Argentina, contratan gente, y todos los días se levantan a las seis de la mañana para laburar 12 o 14 horas en sus empresas. No me quiero poner como ejemplo de nada, pero la realidad es que si armás buenos equipos y tenés definido a dónde querés llegar, todo es posible.

Javier Miranda
El número uno del país. En nueve años, Miranda se transformó en el único empresario argentino que fabrica e instala pantallas de LED. Su precio y calidad le abrieron las puertas del mundo.

-¿En algún momento, algún amigo o familiar le dijo: ‘¡Es una locura lo que vas a hacer!’?

-Muchas veces… ¿Te cuento la última? En medio de la pandemia, cuando se encarecieron las entregas por barco, decidí comprar 120 impresoras 3D para fabricar las piezas en nuestro país. La verdad, por la inversión y por la incertidumbre en la que estábamos viviendo, parecía una locura. Pero hoy todos me dieron la razón. Están trabajando las 24 horas del día e imprimen muchas de las piezas que necesitamos y que ya no tenemos que importar.

Javier Miranda
De otra dimensión. Cuando la pandemia complicó y encareció las entregas de los productos que llegaban del exterior, tomó la decisión de comprar 120 impresoras 3D. Gracias a eso, hoy fabrica el 80 por ciento de los componentes que llevan sus pantallas.

-Pero en el inicio de la nota me dijo que si no le aprueban la SIRA y no le destraban los giros, en treinta días va a tener que bajar las persianas…

-Sí y eso es verdad, pero confío en que me van a escuchar y se van a dar cuenta que sería una locura llegar a eso. Entiendo que tienen que controlar y que por la gravísima situación que atraviesa el país, hay que cuidar cada dólar como si fuese el último. Pero no por eso van a descuidar la calidad de vida de cientos de familias argentinas que trabajan en pymes como la mía.

-¿Pudo reunirse o hablar con algún político?

-La verdad que no. Soy cero político y siempre preferí mantenerme al margen. Mi lema es no pedirles nada y darles todo lo que está a mi alcance.

-¿Qué le diría a las personas que deciden si aprueban o no sus pedidos de importación?

-Los invitaría a que conozcan mi empresa para que vean lo que construimos en estos nueve años. De importar pantallas enteras, hoy conseguimos producir el 80 por ciento en nuestro país. Y les diría: si el Gobierno nos acompaña, podemos hacer China en Argentina.

-¿Qué significa?

-Que desde Tres de Febrero estamos produciendo pantallas para el mundo. Porque conseguimos ser competitivos en precio y en calidad. Al ritmo que venimos, si nos permiten traer todo lo que necesitamos, nos vamos a convertir en los máximos exportadores de pantallas. ¡Hasta me animo a decirte que yo les voy a vender pantallas a los chinos! Hoy, la mayoría de nuestros clientes de Latinoamérica prefieren comprar una pantalla en Grupo Uno LED que en cualquier ciudad asiática. Porque saben que tienen garantía asegurada y que nuestra calidad es altamente superior.

-Hace unas semanas vi que hizo un video pidiéndole disculpas a muchos de sus clientes porque no llegaban con las entregas: ¿qué insumos necesitan para terminar de ensamblar las pantallas?

-Lo que necesitamos son los Leeds, y los PCV de las plaquetas, que sólo se fabrican en China y en Vietnam. Cosas pequeñas comparadas con el resultado final pero que, como te dije antes, no se pueden hacer en nuestro país.

Javier Miranda
El socio ideal. En el 2016, con Juan Pablo Bastero armaron Nexos Trading. Hoy son los mayores distribuidores de pantallas LED y tecnología, pensada para Iglesias Evangélicas en todo el globo.

-¿Siente que en algún momento podrán fabricar una pantalla que sea cien por ciento argentina?

-Es la idea, mi sueño, mi gran meta. Pero no es algo que podamos hacerlo en el corto plazo. Para conseguirlo hay que equiparse con maquinaria, viajar, capacitarse, preparar a los empleados. Pero tengo la confianza que lo vamos a realizar en tres o en cuatro años. Como te dije antes, siempre aposté por este país y me siento orgulloso porque es el lugar donde nací y donde viven mis hijos, mi familia y mis amigos.

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