Muestra Sebastián Fola en Bresson Realty

Muestra Sebastián Fola en Bresson Realty

Bresson Realty presenta en su espacio de arte la exposición de Sebastián Fola, artista argentino que reside en Italia.
“Me gusta mostrar una perspectiva única de mis trabajos para volver a la parte más primaria y despertar el lado lúdico de las personas. Esta es mi vida, mis obras.”, así define su obra Sebastián Fola. Volver a ser un niño por medio de sus trazos y colores que vibran. Desde personajes de historietas hasta la vida misma. Plasma el lado bello y sublime de la vida.
La muestra se puede visitar desde el 25 de noviembre hasta el 15 de enero de lunes a viernes de 10 a 18 en Callao 1880 esquina Alvear.

EL JUEGO INTERMINABLE

Nunca, en ningún momento de nuestra vida adulta, lograremos el nivel de atención y de meticulosa seriedad que alcanzamos cuando jugamos siendo niños. Jamás recuperaremos esa capacidad de total presentización, de suspensión de todo lo que está demás. El juego es algo tan serio y tan inquietante que el mundo adulto no puede sino mediarlo con artificios intelectuales. Por eso, lo trata desde la filosofía, la psicología, la pedagogía, los estudios culturales y la antropología. No podemos solo jugar, tenemos que entender el juego, reflexionar sobre él y, de ese modo, hacerlo más pequeño, menos grato y menos libre.
Victor Hugo, o tal vez fue Borges, aseguró que Dios creó al gato para que los humanos pudiéramos acariciar al tigre. El arte, o más bien la actitud artística, es la manera en que el dios adulto de la vida se permite encontrarse con el mundo perdido del juego infantil. Sebastián Fola entiende esto a la perfección y su obra se propone, entonces, como un juego interminable. Los personajes de historieta, la comida, el dinero, las obras célebres de la historia del Arte, son para él elementos lúdicos, artefactos de invención y de reelaboración estética que, aún sin buscarlo, remiten a momentos y discusiones importantes del arte argentino.
La atmósfera que genera Fola con sus obras, así como la amplitud de su ademán garabateador y distendido, repone un aire pop fácilmente reconocible al mismo tiempo que mantiene un grafismo y una manera de resolver la obra sumamente personal y contemporánea. El manejo del material principal, el acrílico, la forma compositiva y la elección del soporte plantean otras situaciones y preguntas que pendulan entre lo histórico y la actualidad de los debates. El artista trabaja principalmente de forma digital, bocetando y luego llevando a escala los recortes de acrílico de colores que van dando vida a la obra. La recreación de objetos y personajes cotidianos y familiares podría sugerir una operación de apropiación, pero la manera en que Fola los dibuja y reinventa les otorga, en realidad, una dimensión diferente.
Por otro lado, el indudable gesto infantil de la obra no está anclado en los ejercicios infantlizantes que se instalaron en la escena local a partir de los 2000 y que en algunos casos continúan hasta hoy. En Fola, lo infantil es serio y contundente y, sobre todo, no está allí para endulzar o enmascarar alguna otra dimensión de lo humano sino para evocar el tiempo y el espacio que alguna vez nos dimos para encarar el juego.
El juego interminable de Sebastián Fola propone al espectador una experiencia, una suerte de pacto, basado en el respeto y en el afecto. La posibilidad de enfrentarse otra vez con el niño que alguna vez fuimos, abandonar por un rato todo cálculo y vivir exclusivamente la actualidad artística y relacional del presente. En un mundo permanentemente cruzado por estímulos inútiles, por un caudal de información imposible de procesar y por la necesidad inmediata de satisfacer el deseo, este ejercicio de seriedad lúdica, esta pausa de juego, adquiere una dimensión humana indispensable.

                                                                                                                                Gabriel Palumbo, curaduría y texto de obra.

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