Sociedad

Relatando un hecho trágico ocurrido en Argentina, “Con temple de acero” recorre el país @marianoroz

El viernes 28 de mayo, el joven periodista y escritor, Mariano Rodríguez, desembarca en Córdoba Capital con su último libro, inspirado en el luctuoso hecho vivido en nuestro país a finales de agosto de 1999, la tragedia aérea de L.A.P.A.

“Con temple de acero” se ubica dentro del género novela romántica con orientación histórica y con connotaciones reales del trágico hecho ocurrido hace más de dos décadas en el Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery.

Con una escritura simple y atractiva, lo que hace que su comprensión sea sencilla y al mismo tiempo atrapante, Mariano Rodríguez, vuelve a someter al lector a elucubrar distintas hipótesis del desenlace de la novela, que envuelve no sólo una, sino dos profundas historias de amor, que intentarán poner un manto de sanación a un siniestro por demás de doloroso.

La obra cuenta además con declaraciones de Enrique Piñeyro, ex piloto de la compañía aérea y quien denunció los desmanejos de los directivos de la misma, semanas antes de que ocurra el accidente más importante de la aeronavegación argentina. Por otra parte, el prólogo fue escrito por el arquitecto y reconocido escritor cordobés Roberto Lapid. Cuenta además con la participación en contratapa de la reconocida escritora del género romántico histórico Gabriela Exilart, autora de varios éxitos editoriales.

Con esta novela, el autor nacido en la ciudad de Rosario, pero quien reside en Capital Federal desde hace quince años, pretende seguir posicionándose en un género, donde las escritoras son amplia mayoría, aunque a paso firme, sigue avanzando en busca de su propio lugar en la novela romántica histórica Argentina, en base a tramas atrapantes de amor con tintes históricos.

Su primera historia “Más allá de todo” se basó en hechos reales que conmocionaron a toda Argentina en el año 1985, cuando el pueblo de Epecuén fue literalmente devorado por el agua del lago. Allí el autor supo recrear las distintas etapas en la vida de León y Serena, quienes nacieron en el pueblo y se enamoraron perdidamente, hasta que la inundación que azotó a Epecuén, los separó. Mientras que con “Inadmisible”, su segundo libro, también basado en hechos reales, afrontó un tema por demás de polémico como lo fue la llegada de los nazis e incluso el propio Adolf Hitler al país, tras la caída del tercer Reich en Berlín en el año 1945, contraponiéndose a lo que cuenta la historia oficial, que indica que el Führer y su mujer Eva Braun, se suicidaron en su bunker, tras la llegada del ejército rojo.

Su tercera obra está inspirada en el fatídico terremoto de San Juan del año 1944 y lleva como nombre “Otra noche para soñar”.

Mariano Rodríguez, dialogó con Silvina Puga, y contó detalles acerca de lo que significó para él, todo el proceso de escritura de esta nueva trama.

– ¿Qué significa “Con temple de acero” para vos?

M.R.: En síntesis, significa una inmensa alegría, la concesión de un libro que hace tiempo quería escribir y que por fin pude publicar. Es algo que me llena de alegría, ya que el año pasado fue muy duro, complejo por todo lo que tuvimos que atravesar, y este año, lo viene siendo también, donde situaciones difíciles como el hecho de publicar un nuevo libro, se hicieron más complicadas aún por la pandemia, por eso recibo la edición de esta nueva obra con mucho beneplácito y satisfacción, ya que el camino para su edición fue realmente cuesta arriba.

– Tomaste como punto de partida la tragedia de LAPA ¿Por qué este hecho?

M.R.: Francamente, sentía la necesidad de que este hecho fuese revivido y contado, pero desde otra perspectiva, la novela romántica. Uno puede pensar que paradójico, una historia fatal de dolor y muerte ¿qué romanticismo puede tener? Bueno, ahí está el secreto, y sobre todo el desafío, lo que hace más atrapante el relato página a página. Cuando ocurrió el accidente aéreo de L.A.P.A tenía tan solo dieciocho años, me desempeñaba como conductor en una radio de la ciudad de San Nicolas, provincia de Buenos Aires. Recuerdo aquel día martes como si fuese hoy. Un periodista del diario llegó presuroso al estudio desde la redacción, y me alertó de lo sucedido con cara de preocupación. No logré dimensionar bien en ese momento lo que había ocurrido, los datos aún eran confusos, y no se sabía a ciencia cierta, que estaba pasando. La información que llegaba desde Buenos Aires a través de la vieja teletipo, no era para nada buena.

– ¿Cómo manejaste eso al aire?

M.R.: Fue duro, sentí congoja, interrumpí el aire para dar pie a mi compañero, que traía los primeros datos para brindar el “flash” de último momento. No pude evitar ponerme mal mientras lo escuchaba, la piel se me erizó y el horror se apoderó de mí, pero era el conductor del espacio, no podía quedarme callado. Acompañé sus palabras como pude y mandé música con la promesa de que cuando hubiese más datos fehacientes, los iríamos brindando. Eran tiempos donde internet recién estaba llegando, no había portales de noticias, ni canales transmitiendo durante las 24 hs. del día, como los hay hoy. Minutos más tarde, irrumpió en el estudio otra colega, quien ya habiendo transcurrido un tiempo, amplió la información y tuvo que brindar datos inevitables, duros, tremendos. Se hablaba de varias víctimas fatales, cuerpos calcinados y de un avión totalmente desintegrado.

– ¿Sentiste que tenías que hacer algo con todo eso?

M.R.: Sí, exacto. Dicho tema, siempre me quedó dando vueltas en mi cabeza, fue otro de los momentos bisagra por los que me hizo atravesar mi profesión. Con el tiempo ese recuerdo volvía a mi memoria cada tanto y sentí que debía hacer algo con todo eso, no sabía bien qué, pero no podía guardarme esas sensaciones, ni mucho menos olvidar aquel episodio trágico que tanto me marcó y a tanta gente. Si así lo hiciera, estaría siendo de alguna manera cómplice de los culpables, los que, por acción u omisión, permitieron que eso pasara. Mucho tiempo más tarde, llegó la respuesta. Intentaría volver a traer el tema al presente a partir de una historia de amor, algo que he experimentado en el último tramo de mi vida y que me sienta muy bien. Sabía que, de esa forma, quizás lograría poner un manto de sanación a una historia tan densa y tan tremenda como la que cientos de personas y sus familias, tuvieron que soportar. Y acá estamos.

– Para que tu cuarta novela se edite y sea ya una realidad, ¿Por qué etapas debió pasar primero?

M.R.: El género en el que escribo requiere de mucha responsabilidad, debo tratar de respetar lo mayormente posible la veracidad de los hechos históricos que tomo como ejes para la trama, por ello al menos en mi caso, los procesos de escritura siempre terminan siendo muy intensos, y con esta novela no fue la excepción. Todo el trabajo de investigación previo, más la escritura de su desarrollo me demandó de varios meses, muchas horas en vela, y tiempo extra que tenía que hacerme como podía. Pasé por una etapa de recopilación de información primero, consultando distintas fuentes y documentos de la época, lo que no fue simple. Primero me aseguré de que lo que iba a contar en el libro estuviese muy bien sustentado, para después sí poder ir delineando la historia de amor que se produce entre los personajes centrales de la trama, que, a diferencia de mis novelas anteriores, aquí se dan dos historias de amor paralelas, ambas cruzadas por la tragedia. La totalidad del proceso, entre la escritura, corrección, maquetado y posterior impresión requirió de todo un año.

– La portada de la novela muestra un avión de la compañía aérea y una cancha de tenis, ¿Cómo se relacionan entre sí?

M.R.: Bueno, eso es algo que el lector deberá descubrir con la lectura de la historia, pero de todas formas es simple. El personaje central de la trama practica ese deporte, de hecho, la tragedia aérea lo alcanza regresando de Europa después de competir en un torneo de alto rendimiento, por eso creí que ese aspecto no debía estar fuera del arte de tapa del libro, ya que ese deporte es una constante en el relato.

De todas formas, el contenido de la trama es muy sorprendente por donde se lo mire, garantizando que la historia de amor recreada en aquellos años, que es en definitiva lo más importante, pueda llegar al lector generándole grandes sensaciones, e incluso estoy seguro manteniéndolo en vilo hasta la última página.

– ¿Podemos saber si más allá de lo conmovedor y trágico del hecho, el final es feliz?

M.R.: Es que, si te digo eso, de alguna forma estaría anticipando el final y quienes vayan a leerla no estarían muy contentos (risas). Pero lo que sí puedo decir, es que mis novelas terminan siempre bien, o al menos hasta ahora fue siempre así. Hay hechos inevitables por los que tienen que atravesar los protagonistas de la trama, pero cuando logran dejarlos atrás, el presente se les vuelve favorable. Es la vida misma representada en Juan Manuel, Denise, Julián y Eloísa, personajes ficticios que diseñé para la trama, pero que podría ser la vida de cualquier sobreviviente de la tragedia aérea, ya que, por fortuna, no todos perecieron entre las llamas, muchos lograron sobrevivir, escapar del infierno en que se convirtió ese Boing.

– Venís de Salta y estás a días de viajar a Córdoba para presentarla ¿Por dónde más te llevará esta nueva novela?

M.R.: El camino siempre es incierto, tuve la suerte de que mis anteriores libros hayan llegado a varios lugares del interior del país, como, por ejemplo: las provincias de Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba, Capital Federal y hasta La Patagonia, ya que tuve la fortuna de presentarlos en la Ciudad de Esquel, en la Provincia de Chubut y hasta en la Feria Internacional del libro de Miami en el año 2019. Pero para esta historia, no solo quisiera repetir todos estos lugares sino también incorporar nuevos destinos, seguir abriendo el espectro, por eso también incluí Salta. Tenemos un país amplio y muy lindo, por cierto, siento que mi misión es poder llegar con mis historias a la mayoría de los rincones que pueda de toda Argentina. Asique si la pandemia permite viajar y espero que sea así, trataré de llegar a todos lados con mis libros bajo el brazo.

– ¿Cómo te sentís escribiendo?, ¿Notás que mejoras novela a novela?

M.R.: Me siento muy bien, por suerte lo disfruto mucho. Creo que aún me falta mucho por aprender, pero sí siento que he mejorado notoriamente desde aquella primera historia editada en el 2017, también me encuentra bastante más maduro, no solo por la edad, debo confesar que alcancé ya mi cuarta década, sino por los progresos narrativos que siento he tenido desde el inicio de mi incursión en las letras a esta parte.

– Por último ¿Cuál es tu meta a futuro?, ¿Te ves viviendo del fruto de tus libros?

M.R.: Sé que es muy difícil poder alcanzar todo lo que pretendo o a lo que aspiro, uno siempre desea que las historias que escribí puedan gustar y llegar a la mayor cantidad de lectores del país y porque no del mundo, pero el camino es complejo. Lo he imaginado muchas veces, y creo que sería muy grato y reconfortante, pero es aún muy prematuro pensar en eso, soy consciente que, a pesar de haber editado ya cuatro libros, y con uno terminado, estoy dando los primeros pasos en la escritura y que, como todo en la vida, esto también debe madurar. Uno nunca termina de aprender ni de superarse, al menos ese es mi principal objetivo hoy, y sobre todo disfrutar de todo lo lindo que me está pasando. Por ahora atesoro las buenas repercusiones de las novelas, la empatía con los lectores y también destaco la estrecha relación que se ha generado con muchos escritores del mismo género, con quienes he compartido últimamente varios eventos literarios.

– ¿Hay competencia entre los que escriben en el mismo género?

M.R.: No, yo creo que cada uno trata de poner lo mejor desde su lugar y que su trabajo sea exitoso, siento que hay un gran respeto y al menos de mi parte, también admiración por algunas colegas y eso me parece fundamental, no solo en la literatura, sino en todos los aspectos de la vida. Me pasa seguido que a la mayoría de eventos que asisto, soy el único hombre o uno de los pocos, esto responde a que creo hay una especie de prejuicio instalado de que los hombres no leemos novelas o no podemos escribir romántico, y ese es al menos para mí un gran desafío, el de poder mostrar que hoy todos podemos escribir y leer de todo, sin importar el género.

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