Vida dentro de casa: cómo combatir el aburrimiento

Vida dentro de casa: cómo combatir el aburrimiento

Es curioso como, independientemente de las ciudades o los países donde nos fijemos, la mayoría de las personas ha tenido las mismas reacciones en el comienzo del estado de alarma. Ante la premisa de que debemos quedarnos en casa, muchos entraron en pánico, pues la mayor parte del tiempo lo pasaban trabajando o estudiando y no sabían cómo llenarían tanto tiempo de inactividad encerrados en su domicilio. Otros sin embargo, más positivos, se frotaban las manos pensando en que esta sería una excelente oportunidad para tachar de la lista de tareas pendientes un sinfín de asuntos procrastinados: poner orden en casa, aprender a tocar un instrumento, leer una trilogía voluminosa o ver todas las temporadas de una serie que todos habían visto menos ellos.

De los buenos propósitos, no obstante, a lo que finalmente hemos hecho, va en ciertos casos un abismo. Pero además, para aquellos que efectivamente han seguido el criterio de ir cerrando capítulos, se encuentran con una situación que por el momento no parece tener fin, así que, pasada la euforia inicial de poder resolver todos los asuntos pendientes, empiezan a sentir cómo el aburrimiento se apodera de su día a día. A decir verdad, las estadísticas revelan que cuando tenemos tiempo libre, la mayoría nos entretenemos de la misma manera: televisión e internet son las actividades principales (con un 78 y un 75 por ciento, en cada caso, de la atención de los encuestados) dejando en tercer lugar a la lectura, y es que más de la mitad de las personas que formaron parte del estudio leía regularmente. Un 27% juega a videojuegos, pero el resto de actividades destinadas a combatir el aburrimiento se realizaban fuera del hogar: ir al cine o a eventos culturales, practicar deportes (individuales o de equipo) o realizar actividades de jardinería, entre otros, y esta actividad queda limitada según el tipo de residencia.

Lo que sucede, pues, es que si ya en circunstancias normales la mayoría de la población veía televisión, navegaba por internet o leía, con el poco tiempo libre que pasaban dentro de casa, destinar en el estado de alarma más tiempo del habitual a estas actividades genera, obviamente, aburrimiento o empacho, por lo que se plantea echar mano de la imaginación para descubrir nuevas actividades que jamás habíamos pensado en poner en práctica o que requieren un esfuerzo extra, y por este motivo no habíamos tratado de realizarlas. El hecho en sí de pensar en qué invertir el tiempo libre bajo techo, planificarlo y tratar de aprender ya supone una excelente manera de ocupar las horas, de potenciar la imaginación y la creatividad al mismo tiempo que supone una terapia emocional e intelectual, un desafío en sí mismo que puede ayudar a romper con la monotonía en tan extraño momento y apartar de la mente pensamientos negativos.

Mantener una actitud abierta y receptiva y no cerrarse en banda a las propuestas de amigos, influencers o cualquier cosa que se aleje de nuestra vida cotidiana es la clave para descubrir aquello en lo que tal vez nunca habíamos reparado. Si hemos decidido lanzarnos, será interesante que lo hagamos directamente, sin procrastinar, ya que es posible que nunca tengamos tanto tiempo para comenzar con posibilidades de aprender despacio o fallar y reparar los errores. Aprender a hacer cosas nuevas reforzará nuestra autoestima, potenciará nuestra creatividad y tal vez incluso nos ayude a detectar cosas que no iban bien en nuestro día a día, en casos en los que sabíamos que estábamos frustrados y que queríamos vivir de otro modo, pero no alcanzábamos a averiguar qué era lo que debíamos cambiar. Tenemos, en realidad, la oportunidad de analizar qué es imprescindible en nuestra vida y qué no lo es, lo que nos resulta gratificante o lo que simplemente hacemos porque es lo que nos dice que debemos hacer. Tal vez descubramos que es el momento de cambiar de empleo o de romper con ciertas costumbres de ocio y tiempo libre para comenzar una nueva etapa más enriquecedora.

Nuestra aportación de sugerencias pasa por crear un árbol genealógico, que podemos enriquecer con imágenes, notas o recortes sobre situaciones concretas de la historia familiar, aprender a modelar objetos 3D y a imprimirlos para posteriormente venderlos, o hacer un experimento de autosuficiencia y ver qué alimentos, productos de higiene personal y conservas seríamos capaces de elaborar para acumular y utilizar en el futuro. Escribir nuestra biografía o incluso un guión que se pueda llevar al teatro o que podamos seguir para grabar un corto independiente también nos mantendría entretenidos, creativos y con la autoestima muy estimulada.

Deja un comentario