A 30 años de demolición de Checkpoint Charlie, el paso fronterizo más famoso del Muro de Berlín

A 30 años de demolición de Checkpoint Charlie, el paso fronterizo más famoso del Muro de Berlín

A 30 años de la caída de Checkpoint Charlie, el paso fronterizo más famoso del Muro de Berlín que se mantuvo en pie hasta el 22 de junio de 1990, el recuerdo de centenares de personas que murieron al intentar huir del lado soviético golpea aún con tristeza el corazón de muchos alemanes.

Si bien existían siete puestos de control para cruzar a la República Demócratica Alemana (RDA) desde el lado occidental, el Checkpoint Charlie era el que concentraba la mayor cantidad de gente el día en que fue derrumbado el muro que dividía a los alemanes, el 9 de noviembre de 1989.

A pesar de que el paredón fue demolido casi en su totalidad, ese puesto para pasar a Berlín Este siguió existiendo hasta junio de 1990, ya que recién en octubre de ese año Alemania pasó a ser un solo país en forma oficial, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

El 13 de agosto de 2000 se abrió una garita de vigilancia en el lugar donde había estado Checkpoint Charlie, y en 2015 se inauguró el Museo de la Guerra Fría, que narra la historia del Muro de Berlín.

En dicho puesto, ubicado en el centro de esa ciudad, en la calle Friedrichstrasse, los soviéticos registraban a las fuerzas armadas de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, antes de pasar al área soviética.

Se llamó así por el alfabeto fonético que utilizaba la Organización del Atlántico Norte (OTAN), ya que por ser el tercer puesto de control su nombre correspondía a la letra C, mientras que los dos primeros eran Alpha y Bravo.

Ahora, para regocijo de los turistas, hay actores que cobran por hacerse una foto o ponerle un sello al pasaporte de manera ficticia del punto de control que fue recreado en decenas de películas.

Checkpoint Charlie

Formaba parte del Muro de Berlín, construido por la RDA en una sola noche, entre el 12 y el 13 de agosto de 1961.

Se estima que para dividir a Berlín se levantaron 167,8 kilómetros de un muro de cuatro metros de altura. En su mejor momento había alrededor de 31 puestos de control y unas 186 torres de vigilancia.

El fragmento más largo que queda en pie es el que está en el barrio Friedrichshain. Pero, después de la caía del Muro, fue intervenido por 118 artistas de 21 países y se transformó en un museo al aire libre: la East Side Gallery.

Uno de sus mayores íconos es el retrato del beso entre el ex jefe del gobierno de la RDA, Erich Honecker, y el líder soviético Leónidas Breznev.

Los alemanes le han puesto a este lugar el apodo de «Disneyland de Berlín», puesto que se ha convertido en una gran atracción turística.

Una mujer, la enfermera Ida Siekmann, fue la primera víctima al tratar de cruzar el Muro de Berlín, que saltó desde la ventana de su departamento, el 22 de agosto de 1961.

Otro caso fue el de Peter Fechter, un obrero de la construcción alemán, de 18 años, quien murió al intentar cruzar a Berlín oeste, el 17 de agosto de 1962, acompañado por su amigo Helmut Kulbeik.

Aunque Fechter había logrado atravesar el Muro, cerca del puesto de Checkpoint Charlie, cayó herido de un balazo en la pelvis y no recibió ayuda médica de ninguna de las partes, hasta que murió desagrando una hora más tarde.

Según la página online de la Fundación Muro de Berlín, al menos 140 personas murieron al tratar de cruzar a la ex República Federal de Alemania (RFA) desde la ex RDA, entre 1961 y 1989.

Según el mismo informe, un total de 251 viajeros fallecieron durante o después de haber pasado por los puntos de control en los cruces fronterizos de Berlín.

No obstante, hubo muchos alemanes que lograron eludirlo mediante túneles, globos de fabricación casera o coches con doble fondo.

Hoy, treinta años después resuenan aún aquellas estrofas de la canción «Libre», escrita por José Luis Armenteros y Pablo Herrero, cantada por el español Nino Bravo: «(…) con su amor por banderas se marchó/ cantando una canción,/ marchaba tan feliz que no escuchó/ la voz que le llamó,/ y tendido en el suelo se quedó/ sonriendo y sin hablar,/ sobre su pecho flores carmesí,/ brotaban sin cesar…».

Precisamente, la canción es un homenaje al joven Fechter.

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